Cuando los fantasmas del emprendimiento vuelven a tocar la puerta

Pensé que ya los había dejado atrás.
Después de cerrar mi empresa, atravesar el duelo, reinventarme y crear Genuina, creí que los miedos que me acompañaron durante años ya habían perdido fuerza.
Pero no.
Volver a emprender me devolvió, casi sin avisar, al mismo punto donde todo empezó: el vértigo de la incertidumbre, la duda silenciosa y esa sensación de estar corriendo sin llegar a ninguna parte.

Solo que esta vez, algo era diferente.
Ya no era la mujer que intentaba tenerlo todo bajo control.
Ahora sabía que esos fantasmas no venían a sabotearme, sino a mostrarme algo que necesitaba ver.

Las sombras también emprenden contigo

Hay un momento en todo proceso creativo donde las resistencias se sientan contigo.
No llegan con la misma intensidad del principio; llegan disfrazadas de perfeccionismo, de comparación, de agotamiento… o incluso de procrastinación.
Y te susurran cosas como:

“Aún no estás lista.”
“No lo estás haciendo tan bien como antes.”
“¿Y si esta vez tampoco funciona?”

Podría haberlas ignorado, como otras veces.
Podría haberme distraído creando más contenido, organizando estrategias o buscando inspiración fuera.
Pero esta vez elegí escuchar.

Porque comprendí que los bloqueos no se superan con más acción, sino con atención.
Y que detrás de cada resistencia hay una parte de mí que aún necesita cuidado, validación y descanso.

Genuina también me confronta

Sí.
Incluso un proyecto creado desde la coherencia y el amor propio puede hacerte tambalear.
En Genuina, todo lo que enseño —la planificación consciente, la visión, el equilibrio entre estrategia y presencia— se ha puesto a prueba conmigo misma.

Han vuelto los miedos de no ser suficiente.
La tentación de compararme.
La sensación de estar avanzando despacio.

Pero esta vez no luché contra nada.
Me detuve.
Respiré.
Y recordé lo esencial: la atención es un vehículo.
Donde pongo mi atención, pasan cosas.
Así que decidí ponerla en mí.

Volver a empezar desde otro lugar

He descubierto que los fantasmas del emprendimiento no desaparecen: evolucionan contigo.
Aparecen cuando estás lista para atravesar el mismo miedo con más consciencia.
Y eso cambia todo.

Ahora ya no los veo como enemigos, sino como señales.
Cada resistencia me recuerda que estoy viva, en movimiento, en aprendizaje.
Que emprender no es dominar el proceso, sino habitarlo con presencia.

Así que sí, vuelvo a tener miedo.
Vuelvo a sentir bloqueos.
Pero también vuelvo a elegir.
Vuelvo a confiar.
Vuelvo a crear.

Lo que antes me hundía, hoy me humaniza

Hoy miro atrás y sonrío.
No porque todo esté resuelto, sino porque ya no necesito demostrar nada.
He aprendido que un proyecto genuino no se construye desde la perfección, sino desde la honestidad.
Y que cada vez que me permito sentir, dudar y volver a empezar, también acompaño mejor a las mujeres que guío.

Porque no se trata de no tener fantasmas, sino de saber mirarlos sin miedo.
De seguir caminando con ellos al lado, sabiendo que la verdadera transformación ocurre cuando eliges mantenerte presente, incluso cuando todo tiembla.

Cierro los ojos, respiro y sonrío.
He vuelto a emprender, sí.
Y esta vez, lo hago con mis fantasmas, mis dudas y mi verdad completa.
Porque eso también es ser genuina.

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