¿Y si no necesitas que te den la solución?
“Tienes miedo a tu poder.”
Mi mentora me lo decía a menudo.
Yo le respondía medio en broma, medio incómoda:
“A ver si te piensas que soy una Power Ranger.”
No la entendí… hasta que se fue.
Durante mucho tiempo pensé que esa frase era exagerada.
¿Miedo a mi poder?
Yo lo que sentía era cansancio, dudas, responsabilidad, peso.
No poder.
Hoy, con más recorrido y menos necesidad de demostrar, empiezo a comprender a qué se refería.
Vivimos en una sociedad que premia a quien te dice qué hacer.
Al experto que tiene la respuesta.
A la fórmula que promete orden, claridad y resultados.
Y ojo, no estoy en contra de aprender, formarnos o adquirir nuevas capacidades. Yo misma acompaño procesos, estructuro ideas y ayudo a ordenar negocios.
Pero hay algo que observo una y otra vez, especialmente en mujeres emprendedoras —y que yo también he vivido—: la renuncia silenciosa al propio criterio.
Parece que, si no te doy la solución, no estoy haciendo bien mi trabajo.
Parece que, si te devuelvo preguntas, pausas o incomodidad, entonces “no sé por dónde voy”.
¿Y si fuera justo al revés?
¿Y si el verdadero miedo no fuera a equivocarnos, sino a escucharnos de verdad?
Escucharte implica hacerte cargo.
Implica dejar de esconderte detrás de recetas externas.
Implica asumir que hay una sabiduría interna que no siempre es rápida, ni clara, ni cómoda.
Buscar fuera es más seguro.
Si algo no funciona, siempre puedes decir: “seguí lo que me dijeron”.
Buscar dentro es otra cosa.
Acompañar desde este lugar no es decirte qué hacer.
Es caminar contigo hasta que puedas sostener tu mirada sin huir.
Y eso incomoda.
Porque no encaja con el modelo de soluciones inmediatas.
Porque no vende promesas rápidas.
Porque no te infantiliza.
Mi mentora no me dio respuestas.
Me devolvió preguntas que yo no quería escuchar.
Y por eso no la entendí en su momento.
Hoy sé que no me hablaba de ego ni de grandeza.
Me hablaba de responsabilidad.
De potencia creativa.
De criterio propio.
De ese poder silencioso que aparece cuando dejas de buscar permiso.
Quizá no tienes miedo a fallar.
Quizá tienes miedo a todo lo que sí eres capaz de sostener cuando te escuchas.
Yo no creo en darte la solución.
Creo en acompañarte a recordar que ya la tienes.
Y desde ahí, sí: aprender, estructurar, profesionalizar, pedir ayuda.
Pero sin abandonarte en el proceso.
Porque cuando eso ocurre, ninguna estrategia funciona.