Cuando entendí que mi propia metodología podía salvarme (y no hablo de salvar el negocio)

Durante años, sin ponerle nombre, ya tenía una metodología propia.

La usaba para coordinar equipos, ordenar ideas, sostener decisiones y avanzar incluso cuando, por dentro, iba a tres velocidades distintas.

Spoiler: funcionaba. Y mucho.

Pero yo no la llamaba metodología.

La llamaba:

“mi manera de sobrevivir al emprendimiento con dignidad”.

Y me funcionaba… hasta que dejó de hacerlo.

Porque sí: llegó mi caída empresarial.

Y no, no vino con banda sonora épica ni con un plano dramático a cámara lenta.

Llegó con silencio, con cansancio acumulado, con la piel fina y con ese tipo de preguntas que nadie te enseña a responder.

Ahí podría haberme perdido.

De hecho, por momentos, me perdí.

Pero en ese lugar incómodo, vulnerable y muy real, ocurrió algo que jamás había hecho con tanta radicalidad:

Me apliqué mi propia metodología.

De verdad.

Sin filtros.

Sin maquillaje estratégico.

Sin intentar demostrar nada a nadie.

Y ahí entendí su potencia real.

Conecta no nació en ese momento. Pero sí se reveló.

Durante años había sido mi forma natural de crear, dirigir, sostener y avanzar.

Pero cuando todo se cayó, dejó de ser una herramienta para el negocio y pasó a ser un camino para mí.

Conecta —el camino que llevaba años acompañándome— se transformó en un mapa vivo.

Un marco que, unido a mi formación en Gestalt, me permitió volver a mí con una honestidad que nunca antes me había regalado.

Me ayudó a mirar de frente lo que se había roto, lo que había resistido demasiado tiempo, lo que ya no sostenía…y a reconstruirme desde un lugar más verdadero, más consciente y, sí, muchísimo más mío.

Este proceso no ha sido lineal. Ni bonito todo el tiempo. Ni rápido.

He tenido que atravesar muchas de mis propias resistencias.

Las mismas que acompañan a mis alumnas, pero esta vez… con mi nombre y mis apellidos.

He transitado:

▴ La procrastinación disfrazada de prudencia (en realidad era miedo a fallar).

▴ La perfección que ha retrasado este lanzamiento más de lo que quiero admitir.

▴ La frustración amable, pero agotadora, de las insistencias externas “¿cuándo sale el programa?”.

▴ La comparación silenciosa que siempre aparece cuando una está vulnerable.

▴ Y esa sensación tan humana de “¿y si no es suficiente?”, que aparece justo cuando estás a punto de mostrar algo auténtico.

No ha sido fácil.

Ha sido verdadero.

Y eso, para mí, hoy vale más que cualquier planificación perfecta.

Hoy, todo ese camino está traducido en Conecta.

En una guía, un recorrido, una experiencia que no pretende que seas una heroína.

De hecho, Conecta parte de una premisa mucho más humana:

Tu proyecto no necesita que seas invencible.

Necesita que estés dentro.

Conecta es mi manera de decirte:

“Esto funciona.

No porque sea bonito en papel, sino porque me sostuvo cuando todo temblaba.”

Es una invitación a volver a ti, a ordenar lo que importa, a construir desde tus raíces y a dejar de hacer malabares emocionales para sostener un negocio que ya te está pidiendo otra versión.

Si este texto te remueve un poco… probablemente estás lista para lo que viene.

Conecta no es magia.

Es presencia.

Es claridad.

Es estrategia viva.

Y es un camino profundamente humano para reconstruir, crear y avanzar sin perderte a ti por el camino.

Gracias por estar aquí.

De verdad.

Y gracias por dejarme acompañarte en este tramo del viaje.

Anterior
Anterior

No todo lo que pasa es pasajero

Siguiente
Siguiente

Cuando cuidarnos se convierte en una excusa para no mostrarnos